Cañamiza: situación actual de la industria en la Patagonia
Al referirnos al cáñamo industrial, lo primero que se nos viene a la cabeza es la planta en pie, las hectáreas de cultivo, las semillas, y seguramente el proceso de la cosecha; pero hay algo que escapa a estas imágenes y que deja por fuera una parte importante del valor de la producción: los remanentes y la biomasa tras el procesamiento.

Estos remanentes, antes considerados residuos, han adquirido peso propio gracias a una versatilidad de aplicaciones de las que forman parte. En la jerga industrial a estos remanentes se conocen como cañamiza y, según especialistas, es uno de los eslabones más débiles y una oportunidad concreta para Chubut; sin ir más lejos en la zona existen diversas experiencias que trabajan alrededor de este subproducto.
¿Qué es la cañamiza?
El tallo del cáñamo tiene dos partes con propiedades y usos diferenciados. Por un lado, está la capa externa que concentra la fibra, y que históricamente fue usada para sogas y textiles, y por otro lado está el interior, leñoso y más liviano, que se denomina cañamiza. Durante años fue considerada un residuo, pero hoy es una de las materias primas más versátiles de la planta.
Se trata de un material rico en celulosa y sílice que puede obtenerse de todas las variedades de cáñamo, aunque algunas rinden más y facilitan la extracción. Tanto la corteza como la cañamiza comparten un alto porcentaje de celulosa sobre su composición total, pero la diferencia radica en los compuestos restantes: el núcleo contiene un alto porcentaje de lignina, lo que le otorga rigidez estructural y excelente poder calorífico para utilización como combustible.
"Antes considerada un residuo, la cañamiza es hoy una de las materias primas más versátiles del cáñamo."
Proceso de obtención
Para obtener cañamiza de alta calidad, el proceso se desarrolla en tres fases clave. El primer paso comienza con el enriado, proceso que conlleva una modificación química para la degradación de las sustancias que unen la corteza con el núcleo; para lograrlo, los tallos cosechados deben permanecer en el suelo entre 10 y 14 días por lado para que la acción microbiana degrade las pectinas que unen la fibra al núcleo leñoso.
El segundo paso es un desfibrado mecánico, en el cual maquinaria especializada tritura el material y separa la fibra externa del interior. Por último, se realiza el calibrado y despolvado, etapa en la que el insumo se limpia de impurezas y se clasifica en partículas homogéneas de aproximadamente 2,5 cm para su correcta aplicación en bioconstrucción.
¿Cuánta cañamiza da una hectárea?
El rendimiento de la cañamiza varía de forma directa según la variedad genética, las condiciones del suelo y climáticas, y el régimen de riego, aunque cabe aclarar que los datos disponibles todavía son parciales, por lo que la información a continuación es estimativa.
Ensayos preliminares del INTA, el INASE en la región pampeana mostraron que la variedad Tygra, orientada a bioconstrucción, alcanzó unas 15 toneladas de paja por hectárea con un 30% de fibra. Por diferencia, el 70% restante —alrededor de 10 toneladas— correspondería a la fracción leñosa del tallo. Sin embargo, esta cifra no equivale de manera directa a cañamiza aprovechable, ya que los informes no detallan pérdidas por procesamiento, no aclaran el peso en seco ni contemplan las variables climáticas específicas de la Patagonia. A modo de referencia complementaria, fuentes del sector ubican el rendimiento global en un rango de 3 a 10 toneladas de cañamiza por hectárea.
Cuando esta materia prima se traslada a la construcción, las estimaciones se dispersan todavía más debido a las diferencias en el espesor del muro, la densidad de la mezcla y la técnica aplicada. Mientras que registros indican que una hectárea alcanzaría para cubrir unos 35 m² de pared, otras estimaciones sugieren que podría rendir hasta 500 m² de material de construcción, omitiendo igualmente el formato o espesor en el cálculo. Una brecha tan amplia entre ambas cifras no invalida el potencial industrial de la cañamiza, pero evidencia la falta de ensayos locales estandarizados en la Argentina para precisar cuántas viviendas o metros cuadrados puede abastecer realmente una hectárea de cultivo.
Principales aplicaciones industriales
La cañamiza destaca por su notable versatilidad industrial, convirtiéndose en un insumo clave para la economía circular al transformar un subproducto agrícola en soluciones con valor agregado. Sus propiedades físicas y químicas —como su ligereza, porosidad, rigidez y elevado poder calorífico— permiten su aprovechamiento en sectores que van desde la arquitectura sustentable hasta la generación de energía limpia. A continuación, se detallan sus principales usos y desarrollos técnicos.
Hormigón de cáñamo: Hempcrete
La aplicación más difundida de la cañamiza es el hempcrete u hormigón de cáñamo, un biocompuesto no estructural —que no soporta cargas— elaborado con cañamiza, cal hidratada como ligante y agua, habitualmente en una proporción orientativa de tres partes de cáñamo por una de cal y una de agua. Este material destaca por sus propiedades de aislación térmica y acústica superior, su regulación natural de la humedad ambiente al ser un material transpirable, su liviandad y su alta resistencia al fuego y al moho. Además, el hempcrete funciona como un pozo de carbono: absorbe dióxido de carbono durante el crecimiento del cáñamo y continúa fijándolo químicamente a través de la carbonatación de la cal en la pared terminada. Esto convierte a la bioconstrucción en una alternativa de carbono negativo que reduce la huella de carbono de los edificios y optimiza la eficiencia energética del hogar.
Paneles aglomerados y construcción en seco
Más allá de su mezcla con cal, la cañamiza puede prensarse junto con ligantes ecológicos para la fabricación de paneles aglomerados y placas termoacústicas para división de interiores. Estos desarrollos permiten abastecer el mercado de la construcción en seco, funcionando como un sustituto sustentable e industrialmente eficiente de los tableros madereros tradicionales tipo OSB o MDF.
Biomasa energética y biocombustibles
El otro gran destino de la cañamiza es la energía. Gracias a su elevado poder calorífico, que alcanza aproximadamente los 17,9 MJ por kilo, la cañamiza representa un recurso estratégico para la generación de energía limpia. Al compactarse en pellets y briquetas, se convierte en un biocombustible sólido altamente eficiente para la calefacción residencial, presentándose como una alternativa sustentable frente al consumo de leña tradicional en zonas frías.
El mapa productivo de la cañamiza en la Patagonia
En la provincia de Río Negro se concentran los avances más significativos en materia de campo y articulación técnica. La Cooperativa Quatrifinio, ubicada en Peñas Blancas, sostiene un cultivo autorizado por el INASE de cáñamo en valles de riego y trabaja en el desarrollo de prototipos de hempcrete, bloques y revestimientos aislantes en articulación con el INTA y el INTI. En paralelo, en General Roca, la Fundación GEN —ONG de la zona dedicada al cannabis medicinal y al cáñamo industrial— y la empresa Modo Domo —emprendimiento local dedicado a la construcción y al diseño sustentable— desarrollaron placas para construcción en seco junto al Departamento de Materiales Compuestos del INTI. Este ecosistema se complementa con herramientas como la Diplomatura en Cáñamo Industrial de la Universidad Nacional de Río Negro y programas provinciales de financiamiento para soluciones constructivas sostenibles.
Por su parte, la provincia de Chubut se encuentra en una etapa de evaluación técnica y planificación estratégica. El informe elaborado por el CFI en 2025 prioriza el uso inicial de la biomasa de cáñamo para la generación energética y la nutrición animal, postergando la integración masiva en la construcción para etapas de mayor madurez industrial. No obstante, la región cuenta con infraestructura potencial relevante, como el equipamiento para briqueteado disponible en agencias locales como Comodoro Conocimiento, e iniciativas orientadas al aprovechamiento integral en áreas cordilleranas como Lago Puelo.
Cuellos de botella para el desarrollo del sector
Para consolidar definitivamente la industria de la cañamiza en la Patagonia, el sector debe resolver cuatro desafíos fundamentales que abarcan desde el campo hasta la homologación técnica. En primer lugar, existe un cuello de botella crítico en la materia prima y la genética. Argentina enfrenta una severa falta de escala y una dependencia del 97% en semillas importadas. Más allá del abastecimiento, el reto principal es la adaptación agronómica: el cáñamo carece de la estabilidad de cultivos como el trigo, por lo que exige un mejoramiento genético continuo para adaptarse al ambiente local. En Chubut, investigadores del CONICET-CENPAT ya desarrollan ensayos de campo para obtener variedades específicas adaptadas al suelo provincial, un factor determinante dado que las genéticas destinadas a floración producen tallos demasiado nudosos e inadecuados para la bioconstrucción.
En segundo lugar, el procesamiento local requiere infraestructura que conecte los eslabones productivos. Separar la cañamiza de la fibra exige maquinaria de decorticado, desfibrado y calibrado, y el informe del CFI advierte que las firmas especializadas en cada etapa de la cadena son hoy inexistentes en la provincia. Si bien el estudio propone utilizar la capacidad ociosa del Parque Industrial de Trelew para la fibra textil, no identifica equipamiento para la fracción leñosa. La provincia sí cuenta con piezas del final de la cadena: Comodoro Conocimiento ya dispone de una briqueteadora de gran capacidad. Se puede tomar como referencia la experiencia de Polonia, donde la industria del cáñamo se consolidó de la mano de la metalmecánica; es posible leer en esa experiencia una oportunidad para la capacidad metalmecánica que dejó la actividad hidrocarburífera en Comodoro Rivadavia.
"La metalmecánica que dejó el petróleo en Comodoro podría ser la base de una industria del cáñamo, como pasó en Polonia."
En tercer lugar, persisten barreras técnicas, normativas e hídricas. Todavía falta caracterizar la resistencia mecánica, el comportamiento frente al fuego, la durabilidad y la eficiencia térmica del material, y en Chubut no hay aún ensayos piloto con cañamiza. También faltan normas de construcción que den seguridad a arquitectos y constructores, y la ley provincial de desarrollo productivo sigue sin reglamentarse. Por último, el agua: en la cuenca del río Chubut el cultivo sólo es viable bajo riego, y una de las alternativas en estudio es la que plantean el CENPAT: regar cáñamo con efluentes industriales salinos de baja concentración y aprovechar la planta entera, incluida la cañamiza para briquetas.
Una oportunidad que requiere articulación
En conclusión, la cañamiza encapsula el concepto de economía circular en la agroindustria moderna. Convertir este subproducto en placas, muros aislantes de carbono negativo o biocombustibles de alto rendimiento exige superar desafíos clave como el abastecimiento de materia prima, la maquinaria de procesamiento local, la disponibilidad hídrica y la homologación normativa. Al articular estos eslabones, la Patagonia tiene la oportunidad concreta de posicionarse como un polo regional emergente en tecnologías de bioconstrucción y energías sustentables.