El Pinot noir del cannabis

Una boutique es una tienda que vende productos especializados y de calidad en donde se puede mirar y probar, curiosear y quedarnos con lo que nos gusta, eso que parece hecho a medida, la horma del zapato. Es probable que «boutique» nos lleve a pensar en ropa pero lo cierto es que puede ser sobre cualquier cosa: vinos, libros, comida, incluso de cannabis.

Hablar de cannabis boutique es englobar una tendencia que tiene años, que no es una línea limpia y que existe gracias a la confluencia de varios factores. Horacio Sabatini, Director de cultivo y producción de 4 Almas, nos da su perspectiva.

Cannabis boutique

La boutique más cercana

Estoy frente a una tirada de diez plantas que son iguales salvo por una que a simple vista duplica en altura a las otras nueve. Todas fueron clonadas —a partir de esquejes— al mismo tiempo y alimentadas de la misma manera y sin embargo, la del fondo es otra cosa —Es la genética— Y dentro del espacio de cultivo de 4 Almas Horacio apunta a otra hileras con plantas que llenan el lugar de olor a melón —están son las Melonade Runtz ¿sentís el aroma frutal? son variedades con predominancia sativa, igual que la de atrás, crecen más gracias a esta predominancia —y el dedo de Horacio ahora vuelve a las nueves petisas del principio. Es la genética y en resumidas cuentas no podemos hablar de boutique sin tocar las variedades de cannabis.

El pheno hunting es el anglicismo de cazar fenotipos, dicho de otra manera, es la práctica de buscar los mejores rasgos físicos y químicos en una planta en donde “mejor” deja el campo abierto, y la pelota se dispara para muchos lados. —Nosotros producimos teniendo en cuenta las buenas prácticas de cultivo, o sea, materia vegetal destinada a uso medicinal; los cuidados y la alimentación es la misma pero lo que es distinto es la cepa que cultivamos—. Horacio me explica que todas las genéticas pueden utilizarse de manera medicinal, pero si hablamos de cannabis boutique y recreativo, nos referimos a variedades que se valoran por otras cosas.

Tras los pasos de FANCY

Fanzzy, o Fancy, es quizás el prototipo del cogollo perfecto, deseado, hermoso, dulce y resinoso…irresistible. Hay variedades de cogollos violetas plenos y uniformes. Esa es una, pero hay más: pistilos albinos que ganan en tono rosa a medida que bajamos la vista. Hay más: pistilos rosa chicle de fantasía. Hay más: hojas uniformes azul violáceo con pistilos caramelo. Hay más: basta con googlear, o buscar en Tik Tok. Y cada vez hay más.

Hace décadas en Argentina muy poca gente podía dar cuenta de cómo era una planta de marihuana, o un cogollo —¡menos!—. El consumo se pensaba —y lo sigue siendo a nivel legal— como droga, asociado al under y a lo contracultural. Lo cierto es que las revistas especializadas full color llegaron en los 2000s, cercano al uso cada vez más masivo de internet y del acceso a información. En los 80s, por ejemplo, las revistas de circulación under eran fanzines en blanco y negro, sin más detalle visual que ser fotocopias de fotocopias, y lo que se podía conseguir para fumar es el famoso prensado, un bloque compacto terroso, hojas y palos y olor a amoniaco y sabor olvidable. En algún punto podemos decir que nos quitamos la venda de los ojos y que tenemos a mano incontable información y sobre todo imágenes y videos, caóticos y entrecruzados, que tejen un camino sinuoso, una verdadera peregrinación digital hacia el santo grial del cannabis. 

—Hoy las variedades entran por los ojos, lo primero que se mira es cómo se ve el cogollo, después el olor y sabor.— comenta Horacio, sentados en la sala de estar de las instalaciones de cultivo, los dedos hacen un gesto cerca de la nariz como apreciando aromas  —si no tiene buen olor es porque no hubo un buen guardado y los terpenos se evaporaron— pero hay variedades y variedades: —a veces, cuando lo picas, explota en olor pero el sabor no es tan rico, o el pegue, te llevas una sorpresa—. Estamos tras los pasos de lo boutique, esa conjunción de sabor, olor, efecto, algo tan esquivo de subjetivo.

El finito del finito

Si el acceso a la información, a imágenes, a vídeos, a tutoriales nos dio otro ojo a la hora de elegir cannabis, también hizo lo propio con el cultivo. Este efecto se vio acompañado —o ayudó a impulsar— una ola de legalización de consumo y cultivo de cannabis en varios países y Estados. El pionero fue Uruguay donde a partir del 2013 se puede consumir y comercializar para uso recreativo y medicinal; para un nuevo y último antecedente tenemos que regresar hasta el 2018 a Canadá, luego, hay un corta aguas en cuanto a lo terapéutico y al uso adulto responsable que hace elástico al periodo e involucra a muchos más lugares: Canadá es la punta de lanza en cannabis medicinal a partir del 2001, Colorado y Washington —Estados de EE.UU.— dieron el primer paso en el 2012 al legalizar el uso recreativo. Esta mixtura dio paso a coffee shops en Países Bajos y California, la tenencia de 25g en Alemania, a cultivo personal de hasta nueve plantas, todas actividades fotografiadas, filmadas, promocionadas y subidas a la caja de resonancia de internet, una tendencia de exposición y repetición y vuelta a publicar y el ciclo crece. Pero no es lo único.

—Entonces, claro, ¿qué es lo que está pasando? Se incrementó la cantidad de cultivadores,  eso llevó a que haya más cannabis del que nunca hubo, en forma de flores — Horacio habla y en el mismo movimiento pone sobre la mesa un vaporizador y un paquete de papelillos king —, y muchos desarrollando más cosas a otro level en pequeña escala ¿ves el tamaño de este papelillo? 

Desde hace un tiempo los papelillos tamaño king —extra grandes, conocidos como Bob Marley— se pusieron de moda. No es que antes no hubiera, sino que ahora se usan de otra forma —Yo a un cultivador de la vieja escuela le tiro esto —los papelillos king frente a mi cara entre los dedos de Horacio—, y me dice «¡pero vos sos millonario! Mirá los troncos que arman ustedes. Yo armo finito del finito del finito» Lo que hace un año y medio era un tronchón, un exceso, mucho cogollo, hoy en día es lo común.

En parte, esta tendencia también sucede por la aparición de influencers que cultivan, que tiene recursos suficientes y seguidores, principalmente jóvenes, y que contribuyen a que el mercado de papelillos se incline para el tamaño king. Y además de los papelillos se suman otras cosas para el consumo.

No te fumamos ni en pipa

¿Por qué esta tendencia? Porque al papelillo se le agrega más de una variedad de cannabis y también más de un derivado. Ya no es más la flor. Es la flor, el extracto, es la flor con tal extracto, es tal pegue, con este sabor, con esta pipa, con esta forma, con este papelillo; hay distintas formas de consumo.

El vaporizador que tiene Horacio en la mesa es tipo para extracciones, un aparato eléctrico con control de temperatura con un cuenco transparente tipo vaso por encima, que es por donde se inhala, y una cazuela del tamaño de una moneda al costado en la que se coloca el extracto. En la mesa hay más cosas: un bloque compacto similar a un caldito de verduras y una pasta que parece una manteca semidura; lo primero es hachís, o hash, que es un prensado de tricomas y lo segundo es rosin, un extracto de tricomas ¿la diferencia? la misma que puede haber entre una ensalada de frutas y una mermelada: el hash son los tricomas compactados sin acción de maquinarias mientras que el rosin es una resina extraída de los tricomas mediante calor y presión.

Horacio agarra el hash y una lupa y me hace mirar: lo que veo parece un mineral, una piedra preciosa con miles de puntos brillantes como cristales —Esos son los tricomas —me explica, —que es donde se concentra el THC y CBD entre otros muchos compuestos — Son literalmente los pelos de la planta, esos tallos diminutos y transparentes que se ven a simple vista en hojas y cogollos. El rosin es la explosión de esos filamentos, rellenos de una resina. 

—Las genéticas deberían estar pensadas no en lo bonito y hegemónico sino en la producción masiva de tricomas y terpenos. —Horacio prende el vapo y extrae una ración diminuta de rosin que deja caer en la cazuela; el sabor en boca es fresco y vegetal, intenso y limpio —Al controlar la temperatura no combustionas entonces no se quema, no tenés ese gusto a humo —el extracto no se consume en pipa sino en dispositivos especializados como el que tiene Horacio —en algunos países se conocen directamente como “Puffco” —marca popular de vaporizadores cuyo nombre reemplaza el producto —no son equipos baratos, cada uno ronda entre los 200 y 400 dólares —pero el dispositivo tiene una gran ventaja — el sabor varía según la temperatura, esto es porque ciertos terpenos se activan a determinada temperatura —Consumidores van a haber, lo que sí son menos, que aprecien o que dispongan del dinero para vaporizar en este dispositivos y que dispongan de esta materia o del tiempo para hacerla.

Entre los Coffee shop y la medicina

Entras al lugar y ves la barra larguísima que recorre de punta a punta el salón y que termina en una pared de ladrillos, tipo industrial, y una puerta vidriada doble hoja que da al patio de mosaicos antiguos, techado con pérgolas cubiertas de enredaderas; la barra está llena y sólo ves espaldas que dan a las mesas del bar y al desfile de comida y tragos espectaculares que largan humo y cafés con una chala de cacao sobre la espuma blanquísima; esto significa que estás en California, en alguno de sus Coffee Shops habilitados y legales. Tienen de todo: “desde porros, flores, comestibles y bebidas, hasta accesorios premium para fumar, e incluso concentrados para los más experimentados” es más “Si eres nuevo en el mundo del cannabis o llevas tiempo sin consumirlo, nuestros Flower Host te harán recomendaciones y te guiarán en tu experiencia” Esto explica el OG Cannabis Cafe de Los Ángeles, lugar patrocinado por la FOX y Los Angeles Times, entre otros medios de peso.

Los Coffee shop son la expresión en formato bar de un consumo boutique, vale decir, de la complejidad y derivados que se extraen del cogollo y el uso que se le puede dar teniendo en cuenta su forma de consumo, si es un extracto, su sabor y la combinación del mismo con la comida o la bebida. 

—Con un vaporizador podes activar terpenos según temperaturas específicas que sirven para ciertas dolencias. Le podes decir a un paciente que consuma cierta variedad con vaporizador en rosin a 200 grados, 300 grados. —Estamos de nuevo en el espacio de cultivo, sin neón ni barra ni café. Horacio, sentado al lado mío, piensa en voz alta —Los vaporizadores médicos tiran el vapor, no necesitas aspirarlo, y sirve para pacientes que no pueden ni aspirar por sus propios medios, o para dolencias donde necesitas un efecto inmediato, este tipo de prácticas médicas se pueden ver en Canadá.

—¿Los médicos lo recetan?

—No se sabe que existen, no están estandarizados y si no están en farmacia un médico no los receta. 

—¿Y es el mismo vaporizador?

—Sí, es el mismo —e imagino una línea continua entre el consumo recreativo y medicinal, una boutique y una farmacia, dos recortes de una misma cosa. —Es el mismo.

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